domingo, 3 de octubre de 2010

...Yo, Desierto...

30 de Marzo de 1794
Hoy me encuentro aquí, una vez mas derrotada y abatida, humillada y sobre mis rodillas suplicando un minuto, un simple minuto para hablar, para hablar, para expresarme, para simplemente llorar.
Hoy me encuentro aquí humildemente pidiendo comprensión, pidiendo ayuda, pidiendo compañía, pidiendo cariño. Hoy una vez mas he sido derrotada por las presiones matutinas, por la conspiración de la vida en mi contra, por todos los odios que destruyen, por todo el daño que me han hecho, por el ruido de la vida.
Me siento quebrantar.
Hoy el sentimiento que predomina en mi es de angustia, desespero, agonía. Hoy no me queda mas fuerza para levantarme, para mirar al frente, para continuar mi camino, para luchar. Hoy simplemente no tengo ningún tipo de impulso para enfrentar mis situaciones.
Hay tantas personas que hablan acerca de la igualdad, pero no las siento tan cercanas a la realidad, a mi realidad.
Estoy cansada de callar, de disimular, de fingir, de soñar, de engañarme a mi misma. Quiero gritar, quiero expresarme, quiero desahogarme, quiero decir cada una de las cosas que se me atraviesan por mi cabeza, quisiera tener las fuerzas suficientes para enfrentar los problemas...mis problemas.
Simplemente quisiera ignorar los insultos, olvidar los golpes, desechar las mentiras, devolver las ironías, pisar los orgullos, librarme de las injusticias, desprenderme de los odios, rebeldizarme ante mis miedos.
Pero me doy cuenta de que esas son palabras mayores, que soy una misera hormiga en un planeta tan grande, que soy una nada entre tantas chispas, que mis circunstancias son prácticamente nulas teniendo en cuenta que mis fuerzas son mínimas, que me quedaré humillada y arrodillada, con la cabeza gacha, dejando que el resto me golpee cuando quiere, soportando cada insulto del que se le ocurra, quedando inerte y tirada en el suelo frío y sucio, comiendo el polvo de todos los zapatos que han pisado esta tierra extranjera, aguantándome tanta a rabia y sin decir nada, tragándome cada palabra que se me quiera escapar, asfixiando mis sentimientos en mi mente, preguntándome porqué estas circunstancias, viendo mi sombra en el piso, viendo el sol caer, viendo las miradas indiferentes de la gente que pasa a mi alrededor, escuchando los vituperios en mi contra, sintiéndome atropellada por la vida, recordando las batallas perdidas y las pocas guerras ganadas, viviendo una época turbulenta entre la mansedumbre de mi espíritu, controlando mis impulsos porque no puedo oponerme.
Esta es la vida que me tocó, la circunstancia que me golpeó, el momento que me doblegó,  el instante que me humilló, el tiempo que me quebrantó
Quisiera gritar y gemir pidiendo justicia, pero solo Dios sabe si en algún momento tendré alguna recompensa por todo lo que hasta ahora estoy sufriendo (perdón...viviendo)
Att:
        Kissy, la hija del africano Kunta Quinte.

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